viernes, 17 de mayo de 2019

Inclusión y Equidad... ¿Términos nada más?


Solía escribir mucho, casi casi me sentía escritora, pero hoy me confieso culpable de llevar muchos días queriendo escribir sobre la inclusión y la equidad, y de pronto, vienen a mi mente las experiencias vividas en las aulas, las clases, buenos y malos ratos compartidos con niños, jóvenes y adultos. Y entonces pienso y recapacito de lo que mi profesión es, de lo que soñaba dormida, siempre creyendo en un mundo ideal para la humanidad. Hasta que un día empecé a soñar despierta, puse los pies en la tierra y acepté que puedo crear y vivir mi mundo ideal, pero no el de los demás. Gracias, gracias, gracias por la luz que ilumina mi existir porque puedo compartir con quien vive en la obscuridad. Entendí que vale escuchar que tratar de aconsejar. Aquí dejo un pensamiento, un sentimiento, un brote de mi ronco pecho...

Existen muchos momentos en los que consciente o inconscientemente los derechos de los estudiantes son nulos; esto, hace que no haya inclusión ni respeto a la diversidad. Muchas veces escuchamos en los pasillos a profesores o al personal quejarse del alumno “X” por su conducta, porque es grosero o intolerante. Eh ahí, donde viene la pregunta a mi mente: ¿Para qué un estudiante tiene actitudes que desagradan a todos, hasta a sus compañeros y… por qué no mencionarlo, también a sus padres? He tenido la oportunidad de compartir espacios de reflexión y diálogo, con la mente abierta a las formas de expresión de los adolescentes, pero igual, tuve una charla con un infante de 2º de primaria que con la mirada decía más que con las palabras; eran diferentes en edades, pero algo los hacia iguales: Ambos buscaban aceptación y ser escuchados.

Con esto expreso mi profundo sentir de camaradería hacia el SER HUMANO, en el que la desesperanza y la angustia algunas veces por el hambre, sus ambientes de vida, sus círculos de amistades, el desamor y el poco interés por aprender lo que NO les es significativo, me han permitido darle significado a la vida, entender la importancia de la empatía y de la comunicación asertiva para comprender al otro desde mi yo, sin apropiarme de lo suyo. Es tan complejo aceptar la realidad que vivimos en este mundo cambiante, que siento que no siempre es fácil comprender la necesidad ajena y eso nos hace poco o nada tolerantes.

Para desarrollar espacios armónicos, pacíficos y que valoren las diferencias entre los seres humanos, es importante aceptar que todos, grandes o chicos, somos personas con virtudes, con defectos, con necesidades, con bondades. Es difícil poder comprender las emociones de otras personas, o ser empáticos, si no somos capaces de reconocer que los otros son espejo nuestro. Muchas veces el alumno o el compañero que provoca el caos, es quien le recuerda a nuestro subconsciente quienes fuimos o cómo somos, nuestros sueños o frustraciones.


Es por ello, que considerando que si la inclusión es contención y la equidad igualdad, debemos privilegiar el derecho de las personas como un derecho nuestro de respeto, armonía cordialidad; solamente así, podríamos escuchar sin juzgar, y dejar de pretender que los demás harán lo que nosotros consideremos que es lo mejor.
Por consiguiente, mi propuesta es que en los centros educativos se trabaje con talleres de desarrollo humano que permitan tanto al adulto como al niño o al joven ser empático, promover los valores, el respeto, formar una cultura armónica, sin envidias, en donde se aprenda el valor del trabajo colaborativo, en donde la comunicación sea asertiva, en donde todos entiendan que mi bien es el bien de los demás y mi mal el mal ajeno.

Esto, aunque suene platónico se puede mediante sensibilización, empoderamiento, libertad de expresión, respeto y capacidad de aceptación. Sé que nunca se acabará la violencia porque es cíclica, sé que cada cabeza es un mundo, pero salvando algunos corazones, sus almas se vuelven agentes de cambio, y sin cambia una vida, todo a su alrededor cambia. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario